viernes, 10 de mayo de 2024

Mi amigo Carlos

Transcurría el año 2015 cuando conocí por primera vez a Carlos Vazquez, presidente de ARAMA Marbella. Yo andaba enfrascado en mis proyectos sobre prevención de adicciones para los chavales.Carlos me abrió las puertas de la asociación para apoyar mis propuestas: - Lo que te haga falta, Paco. Fueron sus palabras, que hoy, todavía retumban en mi recuerdo.  Por aquellas fechas, también aprendí de él  a bajarme los humos, pues hay muchas cosas que no se enseñan en ninguna Universidad, sino que se aprenden estando a pie de asociación , combatiendo la enfermedad de la adicción desde la sabiduría que mana desde la terapia y de la que tod@s se benefician.                                                                                                            Con el pasar de los años, me he convertido en el psicólogo de esta asociación, y sobretodo, he ganado un amigo ,que admiro por su implicación con la causa de ayudar a los que padecen esta lúgubre y desconcertante enfermedad llamada adicción. Siempre dispuesto a ayudar, siempre con el teléfono operativo para tratar de llevar un halo de esperanza a aquellas familias que lo necesitan, en definitiva siempre tirando del carro de la asociación: Proponiendo, mejorando y incansable.

Mañana 11 de Mayo, el Ayuntamiento de Marbella, con buen criterio, ha decidido declarar ciudadano Honorífico a Carlos Vazquez, Mi presi, Mi amigo.



domingo, 31 de marzo de 2024

Las Vidas De Mario

 

 

 Este vídeo, publicado en en año 2016,  nos muestra la necesidad de la detección y tratamiento precoz del TDAH. De ello puede depender la felicidad y el futuro de los chavales que padecen este trastorno. El tratamiento ha de ser multidisplinar: Por un lado, entrenamiento en la adquisición de habilidades parentales en el manejo de situaciones que puede provocar este trastorno,  por otro lado formación al profesorado que incentive las habilidades de l@s alumn@s con TDAH y sepa manejar y corregir situaciones, que son producto del trastorno. No menos importante es  el ámbito social para que estos chic@s sean integrados y no rechazados por su grupo de iguales. finalmente en el ámbito de la prevención de  adicciones debemos poner especial énfasis en est@s alumn@s, ya que muestran una mayor vulnerabilidad a desarrollar una adicción. Si por una parte pueden desarrollar la adicción por sus  características de alta impulsividad, por otra pueden funcionar como atenuante del dolor psíquico por la frustración continuada y la incapacidad del manejo de sus habilidades sociales, que les pueden llevar carecer del apoyo social de sus iguales.


domingo, 21 de enero de 2024

historias padre-hijo III

En el patio interior de la casa de mis abuelos cantaba sin cesar un pájaro de vivos colores: Rojo, amarillo, marrón se combinaban para dar un resultado casi Iconográfico. A mi me encantaba oírle  cantar en aquel patio lleno de plantas y flores que  mi abuela se encargaba de tener bien bonitas. Cada vez que me tenía que quedar en la casa de mis abuelos por motivos laborales de mis padres, aquellos días se acababan convirtiendo en mágicos: pasaba las horas muertas jugando en aquel frondoso  patio y con el maravilloso canto de aquel pájaro de fondo. Había veces que  me quedaba embelesado oyendo aquellos cantos: trinos interminables, cambios en la tonalidad, notas sostenidas..
Un día que fui al campo con mi padre oí cantar a muchos otros pájaros, no en vano, era primavera.  Parecían  alegres: cantando, saltando de árbol en árbol, picoteando alguna semilla o migaja de pan que pudiera haber por el suelo. Aquella imagen me entristeció porque todos aquellos pájaros volaban libres y felices, y el pájaro de mis abuelos no, él permanecía enjaulado y aunque su canto me seguía fascinando, no se me quitaba de la cabeza la idea de que aquel animal enjaulado, a pesar de que cantaba de maravilla, no era feliz. Así que en un descuido de mis abuelos, me acerqué a la jaula y sin pensarlo dos veces abrí su portezuela.Curiosamente, el pájaro permaneció en el interior, como si no hubiese ocurrido nada.Como no salía de su jaula, decidí introducir mi mano con el dedo índice extendido a modo de palito. El pájaro dio un saltito y dócilmente se posó en mi dedo, entonces saqué mi mano de la jaula y  lo acerqué a un poyete de piedra. El pájaro dio un leve saltito y se situó encima de él. Estuve un buen rato observándole, parecía confuso: movía su cabecita en distintas direcciones, como queriendo buscar algo. Dio algunos picotazos en la piedra, pero ni emprendió el vuelo, ni me brindó uno de sus maravillosos cantos a los que me tenía acostumbrado, simplemente permaneció casi inmóvil. Así que pasado otro buen rato, lo volví a depositar en el interior de su jaula. Y entonces sucedió algo que me dejó atónito: el pájaro empezó a cantar con una belleza y una fuerza como nunca antes le había oído. Parecía como si me agradeciera el hecho de que le hubiese devuelto a su jaula. Me fui a mi casa pensativo por todo lo ocurrido. El día siguiente, era el comienzo del  fin de semana, así que volví a la casa de mis abuelos, en esta ocasión acompañado de mi padre. Él entró en el salón de la casa de mis abuelos, mientras yo me quedaba, una vez más, embelesado con el canto de aquella criatura. Al rato sentí una mano que me tocaba el hombro, era mi padre que había regresado con una bolsita llena de alpiste, Me dijo: -¿Quieres que le demos de comer a Pavarotti?, que era el nombre que le habían puesto mis abuelos al pajarito por lo buen tenor que era, según me dijeron más tarde. Acepté encantado, pero advertí  la necesidad de contarle lo que me había sucedido, pues sentía una mezcla de tristeza y culpa por lo que había hecho y extrañeza por la reacción del pajarito Me acerqué a él,  y con la cabeza gacha , le conté lo que me había sucedido con el pajarito el día anterior. Mi Padre me miró  con una sonrisa bonachona y  me dijo: - ¿Eso es lo que te pasaba el otro día, mi vida? mira hijo, el pajarito se comporta como muchas personas: creen que son felices estando enjauladas, y si las sacas de ahí y les muestras la libertad, se sentirán confusas, temerosas y querrán regresar a lo que ya conocen ,porque el miedo a la libertad, a la novedad, las hace prisioneras sin barrotes. Para ellas la felicidad es estar enjauladas, o al menos, eso creen. 

sábado, 30 de diciembre de 2023

Historias padre e hijo II



Era un día plomizo, de esos en los que amenaza lluvia.
Un padre y un hijo decidieron salir de paseo por aquel trozo de campo, cercano al lugar en el que vivían, y que todavía aguantaba el asedio del hormigón. Iban andando por un pequeño sendero hecho de chinos blancos, y que serpenteaba  a través de varios montículos, cuando se toparon con un banco de madera. Éste estaba colocado de forma estratégica en la cima de uno de aquellos promontorios. Ambos acordaron sentarse en él y miraron hacia el sur. Contemplaron un maravilloso mar de colores verdosos y azulados. Aquella maravillosa vista se mezclaba con los pensamientos de uno y otro: el hijo disfrutaba de aquel momento, que le regalaban sus ojos, de la ventaja del aquí y ahora sin cuestionamientos, de la percepción de la espiritualidad, que sólo los niños pueden sentir en plenitud. Por su parte, el padre andaba inmerso en sus problemas de adulto, que le alejaban del aquí y ahora, de la espiritualidad, y que acababan por imponerse a la belleza de aquel mar, que se encontraba frente a él, y a la vez, muy lejos de él.
Finalmente emprendieron el camino de vuelta. Descendieron aquel montículo, y se alejaron, lentamente, de aquel lugar para desembocar al final de un caminito, donde se encontraba otro banco, éste no ofrecía la misma belleza que el primero, al menos en apariencia, ya que daba a una pared yerma y tosca, que no invitaba, precisamente, a sentarse en él. Pero, fue entonces cuando el niño empezó a tirarle de la camiseta a su padre indicándole, con el dedo índice de la otra mano, que se sentaran allí, en ese banco, el cual había sido despojado del poder de la seducción para los viandantes. El padre, frunciendo el ceño, le dijo al niño:  - hijo, ¡ en este banco no se ve nada bonito!-. El niño no cejó en su empeño, y siguió insistiendo:  - venga, ¡Papá, por favor! ¡Vamos a sentarnos!- . El padre acabó cediendo y a regañadientes, acabó sentándose junto a su hijo al tiempo que le recriminaba -¿ Ves? ¡una pared fea, como te dije!- . El niño, con una leve sonrisa, le indicó a su padre, que mirase hacia el lugar, que marcaba su dedo índice. El padre giró la cabeza hacia la derecha, y levantó suavemente la mirada. Fue entonces cuando quedó completamente embelesado ante aquella imagen: Nubes blancas de algodón, que se combinaban con otras grises, una mezcla perfecta, que culminaban: el azul del cielo y los rayos del sol proyectando luz, a través de las rendijas de aquellas preciosas nubes. Un resultado casi pictórico, pero real, que escondía una enseñanza básica, la cual, los adultos vamos olvidando, a medida, que vamos abrazando la rutina en detrimento de la espontaneidad, y es que, nuestros problemas, en muchas ocasiones, se resolverían con un simple cambio de perspectiva ,de humildad y por supuesto ,del abrazo ,sin condiciones, a la inocencia, que parece  consumirse  con el pasar de los años, como lo hace la cera de una vela.