Desde el primer d铆a en terapia, los testimonios del grupo resonaban como un mantra en la cabeza de Antonio
- "Yo empec茅 bebiendo 0,0, pensaba que no pasaba nada, pero cuando me quise dar cuenta era capaz de beber 10, 12 y las que hicieran falta, igual que cuando estaba en activo, despu茅s, vino la reca铆da".
Pero una tarde de viernes, en la mesa con amigos, alguien puso frente a 茅l una cerveza 0,0. Brillaba como si prometiera risas inocentes y libertad de decisi贸n; el l铆quido dorado parec铆a susurrarle al o铆do. Fue entonces cuando se desat贸 una batalla en su interior: Trat贸 de recordar las advertencias de su terapeuta, los testimonios de sus compa帽eros, incluso vacil贸 un instante, pero fue como detener un hurac谩n, la adicci贸n ya hab铆a decidido por 茅l. Apareci贸 el autoenga帽o en forma de pensamiento: - "Es una cerveza 0,0 no me puede pasar nada, al fin y al cabo a mi me gusta su sabor". Abri贸 la lata con decisiones bebi贸 con ah铆nco, el primer trago fue un abrazo enga帽oso. El sabor le record贸 viejas risas falsas, noches interminables y secretos que su memoria cre铆a superados. Aquella cerveza "sin alcohol" abri贸 una puerta hac铆a el sufrimiento, que 茅l cre铆a cerrada. Comenz贸 el carrusel de consumo y cayeron: 1,2,3..hasta que perdi贸 la cuenta, y casi de forma inconsciente, sigilosa como es la adicci贸n, se encontr贸 con la primera cerveza con alcohol en su mano, era la ratificaci贸n de que el desastre hab铆a comenzado mucho tiempo atr谩s , con la ignorancia de las se帽ales, que llevaban hacia el infierno de la reca铆da.
Al d铆a siguiente, el amanecer lleg贸 sin pedir permiso. La luz se filtr贸 por la ventana como una acusaci贸n silenciosa, iluminando la habitaci贸n desordenada y el suelo manchado de v贸mitos, testigos mudos de la noche anterior. El aire ol铆a a rancio y a derrota. Abri贸 los ojos con esfuerzo. La cabeza le lat铆a como si alguien golpeara desde dentro, record谩ndole lo que hab铆a hecho. El estomago se retorc铆a, revuelto, traicionero, y tuvo que girarse de lado para no volver a vomitar. La boca seca, amarga, el cuerpo pesado, torpe, como si no le perteneciera. Entonces llegaron los pensamientos: La culpa, espesa, aplast谩ndole; la derrota , clara y fr铆a: Hab铆a reca铆do; El resentimiento, no hac铆a el alcohol, sino hacia s铆 mismo por haber cre铆do que con ello; El odio hac铆a s铆 mismo, feroz y silencioso, por haberse traicionado una vez m谩s; y la impotencia, esa sensaci贸n de saber el camino correcto y, a煤n as铆, haber tomado el equivocado. Se sent贸 en la cama, con la mirada perdida, incapaz de sostenerse por dentro. Todo lo aprendido parec铆a in煤til. Todo el esfuerzo, desperdiciado en unas horas.
Pero mientras el sol terminaba de levantarse, algo distinto apareci贸 entre aquel naufragio. No era fuerza, no era orgullo, era algo m谩s peque帽o y m谩s honesto: La aceptaci贸n. Hab铆a reca铆do, s铆, pero tambi茅n sab铆a donde volver. Pens贸 en el grupo, en las sillas en c铆rculo, en las miradas que no juzgan, en la voz de su terapeuta record谩ndole, que la reca铆da no borra el camino, solo lo interrumpe. Por primera vez, esa ma帽ana, respir贸 hondo sin que doliera tanto. No se prometi贸 grandes cosas, no jur贸 que nunca fallar铆a, s贸lo se dijo, con humildad-"hoy empiezo otra vez el camino , pero con el aprendizaje de la experiencia". Volver铆a a la casilla de salida, con la cabeza gacha, pero con el coraz贸n abierto. D铆a a d铆a, s贸lo por hoy, porque , incluso, despu茅s de la peor noche, el amanecer segu铆a llegado, y con 茅l, la oportunidad de intentarlo de nuevo.